Bunkster y sus superpoderes

Bunkster y sus superpoderes

Bunkster es un monigote con manos mágicas. Un remolino de garabatos con un ojo infinito. Lo ve todo. Lo visible y lo invisible.

Llegó a la tierra de la mano de Lola, una niña-artista que un buen día, hará ahora unos cinco años, sacó sus tizas de colores y lo dibujó en la pared de su dormitorio. Ella no lo sabía pero estaba creando al compañero de juegos perfecto, un bunkster con superpoderes.

Al principio Bunkster se quedó quietecito en una esquina de la pared del dormitorio de Lola. Justo donde le había pintado. Desde allí la veía hacer puzzles con su mamá, leer cuentos con su papá, reír con sus amigos Laura y Arnau … Veía pasar la vida. Él sabía que entre sus manos guardaba unos superpoderes enoooooormes. Una energía capaz de levantar castillos en el aire, rizar el pelo a un chimpancé, cocinar tropecientosmil crepes de nocilla en segundos … Pero nunca se le había ocurrido usarla. La dejaba revolotear tranquila de una mano a otra …

Hasta que un día, un dinosaurio de plástico delgaducho y mordisqueado le empujó a usar sus superpoderes. Lola amaba a ese dinosaurio. Se enamoró de él cuando le empezaron a salir sus primeros dientes y descubrió que si lo mordía se le iba el dolor que le subía por las encías. Desde entonces lo llevaba a todas partes con ella. Lo perdía y volvía a encontrar unas 100 veces al día. Pero ese día, no fue así. Lo perdió por la mañana y pasó todo el día sin encontrarlo. Removió todo su cuarto, el comedor, el despacho de su mamá y papá … Nada. El dinosaurio no salía.

– ¡Dinoooooo! – lo llamaba Lola desesperada. Pero Dino no aparecía.

Por la noche, el papá de Lola le leyó no sólo un cuento como normalmente hacía. Le leyó hasta tres cuentos seguidos para calmarla. Ella no podía dejar de pensar en Dino … Él le explicaba que Dino estaba bien, que mañana, cuando saliera de nuevo el sol seguirían buscándolo … Finalmente, Lola cedió y cerró los ojos para iniciar el sueño. Su papá apagó la luz del cuarto y salió de puntillas.

Ella quería dormir, soñar cosas divertidas pero lo único que le venía a la cabeza era Dino. Su precioso y fantástico Dino. Bunkster lo sabía, porque entre sus superpoderes está el superpoder de leer las mentes. Así que sabía que Lola estaba triste, tristísima. Y él podría devolverle la sonrisa.

Sus manos empezaron a trabajar, a cargarse de energía para traer de vuelta a Dino. El dinosaurio estaba atrapado entre la cama y la pared, en una esquina oscura y pequeña donde a nadie se le había ocurrido buscar. Para Bunkster fue coser y cantar. Estiró las manos fuera de la pared y en un plis-plas sacó a Dino de su escondite y lo colocó en la almohada junto a Lola.

Bunkster intentó que Lola no se enterara de su magia, pero fue imposible. Lola tenía un ojo medio abierto y lo vio todo. Vio como las manos de Bunkster salían de la pared y atraían con una fuerza invisible a Dino sacándolo de detrás de la cama y depositándolo en la almohada.

– ¡Te pillé! – gritó Lola al mismo tiempo que saltaba de la cama. Había sido el primer truco de Bunkster en el mundo real. Y le seguirían muchíííímos más.

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